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La heráldica eclesiástica es una de las ramas más interesantes de la heráldica y seguramente la mejor regulada hasta la desaparición del Instituto Aráldico Romano fundado por el Vaticano en 1835 para la composición de las armerías de las dignidades eclesiásticas que por sus cargos debían servirse de ellas. Sus antecedentes debemos buscarlos en la obligatoriedad de validar con sellos todos los documentos que se remitían a la corte pontificia, ya desde 1166 año en que el pontífice Alejandro XIII decreta y determina la misma para que los documentos no pierdan su valor legal. Los eclesiásticos, aunque exentos de armas, usan armerías en las que lo más característico son los timbres con las insignias propias de su dignidad, jurisdicción y cargo (tiara y llaves para los papas, mitra, báculo, cruz doble o sencilla, capelos, etc. para los demás). En España hace su aparición en el siglo XIII, bien entrado, y por lo que se refiere a la heráldica de monasterios, abadías, catedrales, casas de religiosos, etc., no adoptan escudo de armas, de forma habitual, hasta finales del siglo XIV. En la actualidad, la heráldica eclesiástica está en franco retroceso (al contrario de lo que ocurre con la heráldica municipal) al no contar con oficina heráldica alguna en el Vaticano.
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